El mayor reto para el país constituye la reducción de la pobreza, incrementada por un estancamiento de su economía registrado en los últimos años del siglo XX. De 1996 a 1998, el PIB del Ecuador se mantuvo constante en un orden aproximado de 19 mil millones de dólares, hasta descender a 13.700 millones en 1999. Para el 2003, se estima que pueda llegar a 27,1 miles de millones, con un promedio percápita de 2.139 dólares anuales.
En enero de 2000 el país decidió adoptar el dólar de Estados Unidos como su moneda y la divisa norteamericana empezó a regir totalmente desde septiembre de 2001. La dolarización ha permitido una mayor estabilidad de la economía, aunque todavía no termina de consolidarse. En el año 2002, la tasa de crecimiento del PIB fue del 3.4%, una de las más altas de América Latina. Para el 2003, sin embargo, las expectativas han disminuido y no se espera que pueda superar el 2%. El programa macroeconómico actual, que incluye un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, prevé también la reducción de la inflación, que en 2002 fue de 9.4% a fin de año, a un 6.9% en el 2003. El saldo en cuenta corriente de la balanza de pagos del país para este año se espera negativo, con un déficit de 551 millones de dólares y la tendencia se mantendría durante el 2004.
En las dos últimas décadas los gobiernos han tratado de establecer reformas tributarias para mejorar el manejo de las finanzas públicas y procesos de privatización para modernizar los servicios, aunque con resultados incipientes. Está en marcha un proceso de modernización de la banca, la telefonía y la energía eléctrica, mediante apertura al capital y/o a la administración privada. El principal producto de exportación del país es el petróleo, cuya producción ha declinado sostenidamente en los últimos diez años, hasta una tasa actual de 210.000 barriles diarios. El gobierno actual ha anunciado su intención de abrir los mayores campos petroleros estatales al capital privado.
En cuanto al sistema financiero, la peor crisis de su historia reciente se registró en el año 1999, cuando cerraron más de una decena de bancos. Cuatro años después de un intenso proceso de saneamiento, el sistema financiero convalece y trabaja para alinearse con las normas de Basilea, que rigen para la banca mundial