Editorial
A subirse la manga y trabajar más duro
Parodiando la popular canción “qué diferencia hace un día! ”, podemos decir: - qué diferencia hace un año!-.
A principios del 2008, el panorama para la economía ecuatoriana era prometedor, los altos precios del petróleo y de los principales productos de exportación, en un entorno mundial de bonanza, anunciaban un año record y nos llenaban de optimismo. El 2009 se presenta exactamente al revés. El colapso de la economía mundial, presagia para un país como el nuestro, altamente dependiente del sector externo, un panorama lúgubre.
Los datos y cifras sobre el entorno de crecimiento y las perspectivas fiscales, elaborados por Market Watch y el Observatorio Fiscal que aparecen en esta edición, reflejan en toda su fría realidad, la magnitud de la crisis.
Desde hace tiempo atrás, ya se venían dando valiosas sugerencias, de cómo disminuir los efectos del choque. Se recomendaba prudencia, en el gasto fiscal, en la retórica gubernamental hacia el sector productivo y para con el resto del mundo, con quien comercia e interactúa. Y se anticipaba, que, con medidas de ajuste adecuadas, se podía capear la tormenta, mantener un equilibrio macroeconómico y vigente el sistema de dolarización, que sin ser la panacea, había permitido una saludable estabilidad monetaria.
Pero se ha hecho lo contrario. El gasto gubernamental faraónico no cesa, no hay semana que no se ataque o amenace a un inversionista y el aislamiento del país frente a la comunidad internacional es indudable. Es decir que en lugar de tomar las medidas adecuadas para paliar la crisis, se ha optada por aquellas que la agravarán. Hay que prepararse entonces para momentos difíciles. Escrito está en la pared lo que se avecina.
A grandes males grandes remedios. En lo que le toca, el sector privado tiene que resignarse a lo inevitable, subirse la manga y trabajar más duro y con más tesón. Las tormentas sacuden, pero pasan.
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