Editorial
Hora de hacer un balance
El primer trimestre del 2009 se ha cerrado y es bueno hacer un balance de lo acontecido.
La crisis internacional sigue, pero ya aparece cierto optimismo en el horizonte. La reacción mundial ha sido rápida, coordinada y profunda. Ante el derrumbe de un sistema se intuye uno nuevo, más regulado, menos especulativo, asentado sobre bases mas sólidas.
Pero, una mirada más detenida y analítica de lo que viene nos ayuda a corregir un error de apreciación. Observadores superficiales han proclamado el fin del capitalismo y se han apresurado a declarar que el Estatismo será la solución a la crisis. Nada más errado, las medidas que han adoptado los líderes de los países más poderosos, para re-enceder la maltrecha economía mundial, merecerían el entusiasta aplauso del ideólogo del Liberalismo Económico, Adam Smith. Y es que, ante la experiencia de la Gran Depresión de los años 1.930’s, en la cual las economías se enclaustraron y los Gobiernos trataron de salir de ella a través del gasto público, lo cual en lugar de mejorar las cosas, las empeoró, esta vez, se ha proclamado más apertura, que el comercio internacional no se estanque sino que siga fluyendo y que los recurso adicionales que se inyectan a la economía, no vayan a ser destinados al gasto burocrático, sino al sector privado, para el incremento de la producción y creación de más riqueza. Y quien lo haga así, pronto verá la luz al final del túnel. Es entonces imperativo que el Ecuador corrija las medidas erróneas que ha tomado. Que levante las restricciones a las importaciones y disminuya el gasto corriente que se ha elevado a niveles insostenibles. Que sea cada individuo y no el Estado quien decida qué bienes quiere adquirir y cuales no, conforme lo analiza con mucha claridad el Artículo del IDE que aparece en esta Revista y que el Gasto Público se ajuste a los mermados ingresos, según lo recomienda el Observatorio Fiscal, en otro acertado comentario.
Cometer un error por inexperiencia es comprensible, pero insistir en el error por soberbia es imperdonable. El tiempo para rectificar es corto pero todavía está corriendo.
Sin medidas estructurales para generar ingresos y contener gastos la coyuntura fiscal no podrá superarse
¿Quién debe decidir lo que es necesario o innecesario, lo que es bueno o malo? ¿El Gobierno o cada individuo?
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